
No le quedaba más remedio que correr. Huir. Escapar de aquello que le amenazaba con hacerle daño. No tenía otra alternativa que no fuese correr. Iba descalza, sin mirar atrás, con la vista fija en un objeto aparentemente inalcanzable.
No alcanzó a salvarse, aquella bestia, aquel monstruo le atrapó entre sus sucias garras. Hipnotizándole en aquellos ojos de asesino.
Y así, el lobo se devoró a la liebre.
No alcanzó a salvarse, aquella bestia, aquel monstruo le atrapó entre sus sucias garras. Hipnotizándole en aquellos ojos de asesino.
Y así, el lobo se devoró a la liebre.